
Durante el siglo XV se popularizó en Europa un motivo artístico el cual consistía de una danza de esqueletos. Desde, aproximadamente, la primera mitad del siglo XV, este motivo artístico se esparció rápidamente por Europa. La danza macabra conquistó el arte medieval de la Baja Edad Media, apareciendo en murales, ventanales, manuscritos, esculturas y, posteriormente, grabados. Su impacto fue tal que, incluso, gozó de gran popularidad incluso después de la Edad Media.
Por lo general se tiende a pensar que la Danza Macabra fue una consecuencia directa de la Peste Negra (a mediados del siglo XIV), y si bien es cierto que este contexto sí reforzó la presencia cotidiana de la muerte durante la Baja Edad Media, reducir este motivo artístico únicamente a la peste es engañoso. Pues motivos similares ya habían sido protagonistas en obras artísticas previas a la Peste Negra y gozaron de amplia circulación en la Europa medieval.
Si bien el origen de este motivo artístico no es claro, existen representaciones anteriores a la Baja Edad Media con un motivo similar. Una de ellas es en la Antigüedad, en donde también la música y la música gozaban de un fuerte lazo. La música, por lo general, tenía un papel importante en los ritos funerarios de la antigüedad. Excavaciones arqueológicas han recuperado instrumentos musicales en tumbas antiguas, en donde estas acompañarían al difunto luego de la muerte. También existen narraciones en donde criaturas utilizan la música para atraer a los vivos hacia su muerte (por ejemplo las sirenas en la Odisea). Sin embargo, si nos adentramos más en la Edad Media, otro posible origen de este motivo artístico puede ser el famoso "Encuentro de los Tres Vivos y los Tres Muertos". Este tema, anterior a la danza pero aún así con un evidente tono macabro, apareció por primera vez en Francia durante el siglo XIII. En esta historia, tres jóvenes nobles (a veces también representados como reyes) están fuera, cazando, cuando se encuentran con tres cadáveres (o esqueletos), quienes les advierten acerca de lo vano de las actividades humanas. El tema de la historia es evidente, el famoso memento mori.

En distintas representaciones de la Danza Macabra, figuras esqueléticas se encuentran de la mano con gente de todos los órdenes de la sociedad medieval para que estos le acompañen en su macabro baile. En estas representaciones, como por ejemplo en la Danza Macabra de Lübeck, cada figura se encuentra fácilmente reconocible por los elementos que portan que corresponden a su rol dentro del mundo medieval. En este, el Papa se encuentra acompañado de su típico bastión, el emperador con la corona en su cabeza y sosteniendo su espada y el orbis mundi en sus manos, el noble con sus costosos ropajes y ostentado sus pertenencias. Por su parte, los esqueletos bailan, torciendo su cuerpo de formas que hacen que la misma imagen cobra vida, mientras que los vivos mantienen posturas rígidas.
La Danza Macabra se encontraba entre la pintura, predicación y la representación teatral. Los movimientos exagerados de los muertos y la angustia de los vivos convertían a la imagen en una especie de sermón representado. El mensaje claro de la imagen radicaba en que los personajes habían sido sorprendidos por una muerte repentina y ya no disponían del tiempo necesario apra arrepentirse, corregir sus actos o prepararse espiritualmente. El espectador, en cambio, aún estaba a tiempo de hacerlo. La imagen en sí no buscaba provocar miedo, sino advertir. La muerte se lleva a todos por igual. En las representaciones de la Danza Macabra, nobles, emperadores, papas, clérigos y gente común se encuentran unidas por las manos esqueléticas. En estas representaciones, las diferencias sociales existentes se hacían explícitas, esto con el fin de enviar su mensaje: nada de los elementos que los hacían poderosos en el mundo terrenal era capaz de salvarlos de su propia muerte, la corona y las riquezas, luego del baile, pierden su poder.



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